domingo, 2 de junio de 2013

Rápido y furioso


 
 Me encontraba comiendo en mi casa con mis hermanos. Eran las vacaciones de verano para pasar a cuarto de primaria. Mi mamá llegó con el chofer de su trabajo en una camioneta. Nos dijo que saliéramos a ver nuestro regalo por haber salido bien ese año de la escuela. Eran unas bicicletas de velocidades y amortiguadores, no podíamos haber pedido más en ese momento para disfrutar del verano. Como era de esperarse las estrenamos en ese mismo momento. Para todo esto mis amigos ya tenían sus bicicletas.
 Al siguiente día, como todos los demás nos vimos en casa de mi amigo Edgar para andar en bici. Él antes me prestaba la suya y  usaba la de su papá mientras yo no tenía. Nos pasábamos todo el tiempo en la calle, desde medio día hasta el anochecer, solo nos metíamos una hora y era para comer.
 Un día al igual que los otros nos vimos, solo que en este el primo de Edgar estaba con nosotros y como era de mi edad, decidimos hacer una carrera entre los dos. Era darle dos vueltas a todo el fraccionamiento. En la primera íbamos parejos y en la segunda ya iba sacándole ventaja, ya para llegar a la meta me di la vuelta muy abierta e iba pasando en ese momento un carro. Me aventó, la bicicleta salió volando y yo pegué sobre el cofre. Me levante en seguida y agarré mi bici. Estaba que no me la creía y mis amigos súper espantados, pues lo habían visto todo en primera fila. Tal fue el rechinido del carro al frenarse y el sonido del golpe, que algunos de mis vecinos salieron para ver qué había ocurrido. 
 El señor que me atropelló se bajó para preguntarme como estaba y me llevo a mi casa con mi abuelita, que era la única que estaba a parte de mis hermanos. Me llevaron a urgencias para sacarme unas radiografías y ver que no fuera un problema más serio que causara daños. En las mismas no salió nada de qué preocuparse y solo me mandaron unas medicinas para el dolor.
 Mi abuelita les habló a mis papás para decirles lo que me había pasado. Cuando llegaron me abrazaron y vieron que efectivamente no tenía nada, solo unos moretones y raspaduras, algo normal para mi edad. Al otro día volví a salir con mis amigos, solo que ya empecé a dar las vueltas con más precaución y no tan abiertas.

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