domingo, 30 de junio de 2013

El Torito

 Tenía 19 años. Acababa de salir de la prepa e iniciaban mis vacaciones de verano. Un viernes mis amigos de la secundaria me marcaron para que saliéramos a tomar unas cervezas en algún bar de los que están afuera de la FES Aragón. Les dije que los veía en el metro Villas de Aragón para que pasaran por mi e irnos juntos. Decidimos ir al Dobermann. A este lugar nos gustaba ir, porque tocaban rock en vivo y eso era lo que en ese tiempo nos gustaba más a la mayoría. Estuvimos ahí aproximadamente cuatro horas. Mi amigo pasaría a dejar a los que le quedaban de paso hacia su casa. Le dije que llevaría a una de nuestras amigas a su casa para que no se le hiciera pesado llevar a todos, ya que ella vivía por eje 2 y Congreso.

 Estando a tres cuadras de su casa me detuvieron en un retén del alcoholímetro. El oficial me dijo que me harían la prueba más adelante con uno de los médicos. No pasé la prueba. En ese momento me estaba marcando mi papá para saber en dónde andaba. Les comenté de manera rápida lo que había pasado y fueron por el auto para que no se lo llevaran al corralón.
 En los separos mi papá estuvo checando qué se podía hacer para que me dejaran salir y lo único era meter un amparo. Mi mamá le dijo que me quedara para ver si aprendía mi lección. Pasé la noche ahí y en la mañana me trasladaron con los demás que también estaban conmigo por lo mismo.

 Llegando al Torito nos hicieron el papeleo de rutina y nos pasaron a nuestros “cuartos de cinco estrellas con vista al mar”. Sabiendo que estarás encerradito unas horas para cumplir con tu falta administrativa, lo menos que puedes hacer es pasártela mal. Conocí a distinta gente y todos estábamos platicando anécdotas relacionadas con la bebida. Hubo de todo. La hora de las visitas se acercaba y no sabía si mis papás irían a verme. Me mandaron llamar y efectivamente ahí estaban. Hablaron conmigo acerca de lo que pasó y me preguntaron si me estaba divirtiendo. No me la pasé mal, pero tampoco me gustaba estar encerrado.

 Dieron las 20:18 horas y por fin se habían cumplido mis 20 horas de multa. Mis papás no fueron por mí, así que tuve que esperar 15 minutos a un mecánico que también estaba conmigo adentro para que me dejara en Molina y de ahí irme a mi casa. 

miércoles, 26 de junio de 2013

Dilema universitario

 Tenía 19 años cuando entré a la universidad. Decidí irme a Ciudad Universitaria, porque con mi pase reglamentado y mi promedio solo me daban la carrera de actuaría en la FES Acatlán y no en la Facultad de Ciencias como pretendía, ya que era esta la que quería estudiar.  Mi plan fue entrar a la carrera de matemáticas y después cambiarme a actuaría ahí mismo en Ciencias, pues comparten un tronco común los primeros semestres. En mi primer semestre no me fue bien y no puede hacer el cambio. En el siguiente ya empecé a mejorar en mis materias. Aún así ya no pude cambiarme por promedio, porque era alumno irregular. En tercer semestre ya me había resignado a terminar matemáticas. Durante ese año no me sentí cómodo, porque no me gustaba mucho la teoría y se empezaba a desprender la carrera de matemáticas con la de actuaría en lo práctico, pues a mí era esto lo que me interesaba.
 Lo pensé mejor e hice el examen para el cambio de carrera en el concurso de selección de la UNAM. Presenté la segunda ronda para actuaría en mi facultad. No me quedé, porque me faltaron siete aciertos y pedían 95. Decepcionado seguí con matemáticas. ¡No me quedaba de otra! Creí que mi futuro se encontraba en esa carrera. Si me gustaba, pero seguía prefiriendo la otra. El tiempo pasó y cuando estaba en sexto semestre volví a intentarlo. Solo que esta vez se me había pasado la convocatoria y no lo puede presentar. Esto hizo que pensara mejor las cosas, porque de esto dependía mi futuro.
 Tomé la decisión de intentarlo el año que seguía, pero esta vez para la Acatlán, aunque perdiera un año. Me inscribí a un curso para volver a repasar lo que ya había visto antes en la prepa. Duró cuatro meses mi preparación para el examen. Estando ahí también quise hacer el de la UAM para economía. Esto para tener una segunda opción, ya que no quería seguir en matemáticas y economía también me interesaba. Seguí inscrito en Ciencias durante el séptimo y octavo semestre, aunque solo había inscrito un par de materias en ambos.

 Salió primero el resultado de la UAM y fui seleccionado. Me inscribí, pues aún no salía el de la UNAM y lo que tenía seguro en ese momento era economía. Dos semanas después vi el de actuaría y también me quedé. Esto me puso de buen humor, pues había sido aceptado en la carrera que desde un principio había querido.  

lunes, 17 de junio de 2013

"Polecías"

 Un miércoles en la noche mi amigo Óscar me preguntó que si quería ir con él y sus amigas el viernes a un antro en la Zona Rosa. Ellas pagarían todo y la única condición era que llevara el auto para pasar a dejarlas a la casa de una de sus amigas en Lindavista. Le dije que le preguntaría a mis papás para ver si me lo prestaban. Me dijeron que sí, pero tenía que regresar a las 3:15 horas como máximo.

 El viernes llegó y como cualquier otro viernes entramos a nuestras clases. Salimos a las 19:30 horas y nos regresamos a nuestras casas para arreglarnos. Pasé después por él y fuimos por sus amigas a Lindavista. Emprendimos el camino hacia el antro, y llegando ahí, no sé cómo le hicimos, pero entramos, pues éramos aún menores de edad. Teníamos 16 años. Estuvimos en el lugar cinco horas aproximadamente y a las 2:30 horas del sábado nos fuimos a dejarlas. Como ya era noche no sabíamos bien como salir de ahí, ya que las calles solo eran de un sentido y estábamos norteados. No ubicábamos Montevideo e improvisamos.

 Dimos a la avenida, pero en el carril de contraflujo. Sabiendo que esto no era lo correcto, me salí de él lo más rápido que puede, pero  ya era demasiado tarde. Me habían visto unos policías desde su patrulla. No sé qué paso por mi cabeza en ese momento que quise perderlos entre las calles de esa colonia. ¡Grave error! Cuando me di cuenta por el retrovisor ya eran dos patrullas las que me seguían. Era más que obvio que no las perdería. Me detuve en una calle y me pidieron mis papeles.

 El oficial me preguntó qué de donde veníamos, le dije que de una antro y de dejar a nuestras amigas. Dijo que si sabía de qué hora a qué hora funcionaba mi premiso para conducir, le respondí que de las 6 a las 22 horas. ¡Pero eso no era todo! Me había estacionado en una calle en sentido contrario y me traté de dar a la fuga cuando me dijeron por primera vez: “Carro gris, oríllese a la orilla”. Haciendo la cuenta, había quebrantado el reglamento de tránsito de cuatro maneras diferentes y en un ratito.

 Hablé con ellos para que me dejaran ir y pensé en ofrecerles dinero, pero solo traíamos 100 pesos y nuestros celulares. Se los comenté y me dijeron que no podían hacer eso; y me pidieron que los siguiera para llevarme al corralón. Avanzamos unas cuantas cuadras y me hicieron una seña para detenerme. Bajé del auto y me acerqué con ellos. Me dieron los documentos y me dijeron que podía irme. Me  explicaron cómo salir de ahí para ya no cometer el mismo error. En el camino íbamos hablando de cómo nos habían parado los policías y de cómo la libramos. Fue algo que el lunes tuvimos que contarles a nuestros amigos de la prepa.    

domingo, 9 de junio de 2013

Mis primeros besos


 Tenía 10 años. Me encontraba haciendo mi tarea de matemáticas en el comedor de mi casa cuando de pronto gritaron mi nombre mis amigos desde la calle. Estaban muy emocionados cuando los vi desde mi ventana y me hacían señas para que saliera lo más rápido posible para escuchar la nueva noticia.
 Resultaba que acababan de conocer a unas chicas en la calle de Tlacoxpango. Eran más grandes que nosotros y ya iban en la secundaria sus nombres eran Angélica y Berenice. Me empezaron a contar que a mi amigo Edgar esta Berenice le dio unos besos y que su prima les había preguntado por mí, ya que ellas nos conocían de vista, pero no nos hablaban. Les dijeron mis amigos que irían por mí para presentármelas y también para que Angélica me enseñara a besar, porque no sabía. Obvio les mintieron porque si sabía, más bien era plan con maña. Lo bueno de todo esto es que eran de secundaria y bonitas. ¡No podíamos dejar pasar esta oportunidad!
 Escuchando todo esto, dejé de hacer mi tarea para ir a conocerlas. Agarré mi bicicleta y nos fuimos bien emocionados. Llegando con ellas vimos que estaban con sus primos y nos dio un poco de pena acercarnos, porque también eran más grandes que nosotros. A ellas pareció no importarles que estuvieran ellos, me las presentaron y Angélica se acercó para darme el beso que había acordado con mis amigos. Yo estaba un poco nervioso, pues no había besado a alguien que me llevara cuatro años de edad.
 Después de estar un rato ahí con ellas nos pusimos de acuerdo para vernos en la noche y jugar botella, pero esta vez solo iríamos Edgar y yo.
 Esa tarde se hizo sumamente larga por la espera de ir a jugar con ambas. Ya habíamos platicado mi amigo y yo que él solo besaría a Bere y yo a su prima, porque nos gustaban así respectivamente. Llegó la hora de ir a verlas y pasamos a casa de su abuelita, ya que ahí se encontraban. Fuimos al parque que se encontraba a dos calles de ahí y empezamos a jugar. Después de cinco minutos dejamos la botella en paz, pues ya sabíamos qué onda los cuatro y dejamos de hacernos mensos con el disque juego.
 A partir de ese día empezamos a andar con ellas y a pesar de que eran mayores que nosotros nos llevábamos muy bien.   

domingo, 2 de junio de 2013

Rápido y furioso


 
 Me encontraba comiendo en mi casa con mis hermanos. Eran las vacaciones de verano para pasar a cuarto de primaria. Mi mamá llegó con el chofer de su trabajo en una camioneta. Nos dijo que saliéramos a ver nuestro regalo por haber salido bien ese año de la escuela. Eran unas bicicletas de velocidades y amortiguadores, no podíamos haber pedido más en ese momento para disfrutar del verano. Como era de esperarse las estrenamos en ese mismo momento. Para todo esto mis amigos ya tenían sus bicicletas.
 Al siguiente día, como todos los demás nos vimos en casa de mi amigo Edgar para andar en bici. Él antes me prestaba la suya y  usaba la de su papá mientras yo no tenía. Nos pasábamos todo el tiempo en la calle, desde medio día hasta el anochecer, solo nos metíamos una hora y era para comer.
 Un día al igual que los otros nos vimos, solo que en este el primo de Edgar estaba con nosotros y como era de mi edad, decidimos hacer una carrera entre los dos. Era darle dos vueltas a todo el fraccionamiento. En la primera íbamos parejos y en la segunda ya iba sacándole ventaja, ya para llegar a la meta me di la vuelta muy abierta e iba pasando en ese momento un carro. Me aventó, la bicicleta salió volando y yo pegué sobre el cofre. Me levante en seguida y agarré mi bici. Estaba que no me la creía y mis amigos súper espantados, pues lo habían visto todo en primera fila. Tal fue el rechinido del carro al frenarse y el sonido del golpe, que algunos de mis vecinos salieron para ver qué había ocurrido. 
 El señor que me atropelló se bajó para preguntarme como estaba y me llevo a mi casa con mi abuelita, que era la única que estaba a parte de mis hermanos. Me llevaron a urgencias para sacarme unas radiografías y ver que no fuera un problema más serio que causara daños. En las mismas no salió nada de qué preocuparse y solo me mandaron unas medicinas para el dolor.
 Mi abuelita les habló a mis papás para decirles lo que me había pasado. Cuando llegaron me abrazaron y vieron que efectivamente no tenía nada, solo unos moretones y raspaduras, algo normal para mi edad. Al otro día volví a salir con mis amigos, solo que ya empecé a dar las vueltas con más precaución y no tan abiertas.