Era
una mañana de 1995. Yo tendría unos cinco años aproximadamente. Estaba con mi
papá, mi mamá y mi hermano en el patio de mi casa jugando con el balón nuevo
que mi papá nos había comprado unos días antes en el supermercado, y al
mismo tiempo nos tomaba unas fotos.
Mi papá me preguntó: "¿Quieres acompañarme a mi trabajo?". Yo prefería seguir jugando en ese momento, a acompañarlo a su trabajo. Se salió de la casa y después de cinco minutos decidí que si lo quería acompañar. Salí tras él sin avisarle a mi mamá que siempre sí acompañaría a mi papá.
Fui corriendo por toda la calle de Coconetla hacia el metro Coyuya para alcanzarlo. Ahora sé que jamás lo habría alcanzado, ya que el metro quedaba a unos cinco minutos, caminando de la casa. Esto hacía imposible encontrarlo.
Para mi buena fortuna, un amigo de mi papá que antes fue su trabajador, apodado el Chino, pasaba por ahí. Vio que entré al metro solo. Esto lo hizo acercarse a preguntar por mis papás. Le dije que iba tras mi papá para ir con él a la obra que tenía en el aeropuerto, ya que era el encargado de la misma y me gustaba mucho su trabajo. De no ser por él, me habría seguido y mi foto habría salido en el "Servicio a la Comunidad" del canal cinco.
Él sabía dónde vivíamos y me llevó hasta la casa con mi mamá. Ella, al vernos, se sacó de onda, porque creía que yo estaba en la casa y no en la calle. Al momento se enojó mucho conmigo, por haberme salido sin avisarle, y al buen Chino le agradeció por haberme llevado con ella.
Ya en la noche, cuando llegó mi papá, mi mamá le contó lo que había pasado por la tarde. Tuvieron una plática conmigo acerca de lo que podía haberme pasado si no me hubiese visto el Chino.
A partir de ese momento me daba miedo andar en la calle solo y tenía pesadillas por las noches, por eso de "los robachicos". Aprendí desde ahí a no salirme sin avisar a mis papás y mucho menos a andar solo, mientras fui niño.
Mi papá me preguntó: "¿Quieres acompañarme a mi trabajo?". Yo prefería seguir jugando en ese momento, a acompañarlo a su trabajo. Se salió de la casa y después de cinco minutos decidí que si lo quería acompañar. Salí tras él sin avisarle a mi mamá que siempre sí acompañaría a mi papá.
Fui corriendo por toda la calle de Coconetla hacia el metro Coyuya para alcanzarlo. Ahora sé que jamás lo habría alcanzado, ya que el metro quedaba a unos cinco minutos, caminando de la casa. Esto hacía imposible encontrarlo.
Para mi buena fortuna, un amigo de mi papá que antes fue su trabajador, apodado el Chino, pasaba por ahí. Vio que entré al metro solo. Esto lo hizo acercarse a preguntar por mis papás. Le dije que iba tras mi papá para ir con él a la obra que tenía en el aeropuerto, ya que era el encargado de la misma y me gustaba mucho su trabajo. De no ser por él, me habría seguido y mi foto habría salido en el "Servicio a la Comunidad" del canal cinco.
Él sabía dónde vivíamos y me llevó hasta la casa con mi mamá. Ella, al vernos, se sacó de onda, porque creía que yo estaba en la casa y no en la calle. Al momento se enojó mucho conmigo, por haberme salido sin avisarle, y al buen Chino le agradeció por haberme llevado con ella.
Ya en la noche, cuando llegó mi papá, mi mamá le contó lo que había pasado por la tarde. Tuvieron una plática conmigo acerca de lo que podía haberme pasado si no me hubiese visto el Chino.
A partir de ese momento me daba miedo andar en la calle solo y tenía pesadillas por las noches, por eso de "los robachicos". Aprendí desde ahí a no salirme sin avisar a mis papás y mucho menos a andar solo, mientras fui niño.
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