domingo, 9 de junio de 2013

Mis primeros besos


 Tenía 10 años. Me encontraba haciendo mi tarea de matemáticas en el comedor de mi casa cuando de pronto gritaron mi nombre mis amigos desde la calle. Estaban muy emocionados cuando los vi desde mi ventana y me hacían señas para que saliera lo más rápido posible para escuchar la nueva noticia.
 Resultaba que acababan de conocer a unas chicas en la calle de Tlacoxpango. Eran más grandes que nosotros y ya iban en la secundaria sus nombres eran Angélica y Berenice. Me empezaron a contar que a mi amigo Edgar esta Berenice le dio unos besos y que su prima les había preguntado por mí, ya que ellas nos conocían de vista, pero no nos hablaban. Les dijeron mis amigos que irían por mí para presentármelas y también para que Angélica me enseñara a besar, porque no sabía. Obvio les mintieron porque si sabía, más bien era plan con maña. Lo bueno de todo esto es que eran de secundaria y bonitas. ¡No podíamos dejar pasar esta oportunidad!
 Escuchando todo esto, dejé de hacer mi tarea para ir a conocerlas. Agarré mi bicicleta y nos fuimos bien emocionados. Llegando con ellas vimos que estaban con sus primos y nos dio un poco de pena acercarnos, porque también eran más grandes que nosotros. A ellas pareció no importarles que estuvieran ellos, me las presentaron y Angélica se acercó para darme el beso que había acordado con mis amigos. Yo estaba un poco nervioso, pues no había besado a alguien que me llevara cuatro años de edad.
 Después de estar un rato ahí con ellas nos pusimos de acuerdo para vernos en la noche y jugar botella, pero esta vez solo iríamos Edgar y yo.
 Esa tarde se hizo sumamente larga por la espera de ir a jugar con ambas. Ya habíamos platicado mi amigo y yo que él solo besaría a Bere y yo a su prima, porque nos gustaban así respectivamente. Llegó la hora de ir a verlas y pasamos a casa de su abuelita, ya que ahí se encontraban. Fuimos al parque que se encontraba a dos calles de ahí y empezamos a jugar. Después de cinco minutos dejamos la botella en paz, pues ya sabíamos qué onda los cuatro y dejamos de hacernos mensos con el disque juego.
 A partir de ese día empezamos a andar con ellas y a pesar de que eran mayores que nosotros nos llevábamos muy bien.   

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